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Las emociones básicas y sus funciones

Las consideradas «emociones básicas» son la alegría, la tristeza, el miedo, la rabia, la sorpresa y el asco. Cada una de ellas provoca una sensación diferente, le damos un significado diferente y se expresa de manera diferente. Pero además, cada una de ellas tiene una función que nos puede ser muy útil en momentos determinados.

Las emociones básicas - Psicología Flexible

Por qué tenemos emociones

Las emociones básicas que experimentamos los humanos las hemos heredado de especies anteriores a la nuestra. Las ratas, por ejemplo, existen desde hace unos 34 millones de años y ya tenían emociones como el miedo. El repertorio se ido ampliando, hasta llegar a nuestra especie que tiene emociones que no son básicas.

En momentos en los que algo cambia bruscamente y nos tenemos que adaptar rápidamente (por ejemplo, ante un peligro), un conjunto de partes profundas del cerebro toman el control y nuestro cuerpo reacciona. Por eso en estos momentos actuamos de manera automática.

Algunas emociones básicas reciben el nombre de «negativas». En realidad todas son positivas y útiles, y forman parte de la normalidad. Nos pueden ayudar a resolver un problema en un momento determinado. Seguramente el término «negativas» se refiere a que su experiencia es desagradable. Las emociones son muy rápidas e intensas, duran poco y afectan el pensamiento, la sensación y la conducta.

Cuáles son las emociones básicas y para qué sirven

L’alegria

La alegría y las emociones básicas - Psicología Flexible

La alegría aparece ante una buena noticia o la expectativa de algo agradable. Es una emoción que todo el mundo quiere experimentar. Se expresa con la sonrisa y la elevación de las mejillas, y nos ayuda a comunicarnos con las personas de nuestro entorno. Cuando explicamos a alguien que nos ha pasado algo muy positivo, le estamos dando pistas para que sepa qué debe hacer si quiere tener el mismo resultado. Esta es la función de la alegría: propagar los hechos o las acciones que conllevan ventajas.

Por ejemplo, cuando hemos obtenido una buena nota en selectividad y eso nos permite estudiar lo que queríamos, la alegría nos empuja a compartir esta buena noticia… e invita a los demás a estudiar para conseguir lo mismo.

La tristeza

Al contrario que la alegría, la tristeza se manifiesta ante una mala noticia, el dolor o una pérdida. La tristeza nos ayuda a hacer que el tiempo vaya más despacio. Si hemos tenido un cambio a peor y debemos asumirlo y aceptarlo, no lo podemos hacer con el ritmo de vida normal. Hay que frenar para darnos tiempo para pensar.

Otra función muy importante de la tristeza nace de su expresión facial: las comisuras de la boca hacia abajo, las cejas en posición convexa … La cara de tristeza llama la atención de los otros para que vengan a ofrecernos su ayuda.

El miedo

Una de las emociones básicas más frecuentes es el miedo. El miedo se activa cuando estamos ante un peligro y necesitamos toda la atención para saber qué hacer. Por eso tenemos los ojos tan abiertos. El miedo nos lleva a protegernos: si estamos en un acantilado y miramos hacia abajo, detectamos el peligro de caer. El miedo nos mueve para buscar la seguridad, por ejemplo, echándonos atrás. Ni siquiera nos paramos a pensar si debemos hacerlo o no.

El miedo debe distinguirse de la ansiedad. La ansiedad es una preocupación más inespecífica, relacionada con un peligro que no está presente, es menos intensa y dura más tiempo. En cambio el miedo es intenso, corto y desaparece cuando ya no tenemos delante lo que nos da miedo.

La rabia

Una mujer enfadada - Psicología Flexible

La rabia se produce cuando alguien o algo nos está bloqueando un objetivo sin motivo, y nos da un plus de fuerza para vencer este obstáculo. Por ejemplo, cuando intentamos abrir un cajón que está bloqueado, la rabia nos permite abrirlo con más fuerza (a veces, hasta el punto de romperlo).

Otra función de la rabia es protegernos a nosotros mismos. Si nos dicen algo que pone en duda lo que sabemos o aquello en que confiamos, la rabia hace que nos cerremos en banda. Así dejamos de admitir nueva información que pondría aún más en crisis nuestras creencias.

Imagínate que una persona que conoces, y en quien confías, te coge las llaves de coche sin decírtelo y tiene un accidente. La rabia servirá para dos cosas: para forzar que te pague la reparación del coche y por no tener que enfrentarte al hecho de haber descubierto que ya no confías en esa persona.

Si alguien nos ataca y vemos que nos podemos defender físicamente, la rabia hace que la sangre vaya hacia los puños (por si tenemos que golpear) y hacia la mandíbula (nuestros antepasados, los homínidos, se defendían mordiendo. Esta característica se ha transmitido hasta nosotros a través de los genes).

La sorpresa

La sorpresa es la más breve de las emociones básicas: dura muy poco y enseguida se cambia por otra emoción. La sorpresa la experimentamos ante hechos inesperados, en los que tenemos que estar muy atentos a los acontecimientos. Por eso cuando nos sorprendemos tenemos los ojos tan abiertos: necesitamos ver todo lo que pasa a nuestro alrededor por si tuviéramos que hacer algún movimiento.

El asco

El asco también es una emoción. Nos ayuda a mantenernos protegidos ante algún alimento o alguna situación que pondría en peligro nuestra salud. Fijémonos con la cara de asco: ojos cerrados, nariz cerrado, boca cerrada… es una manera que no entre nada.

Aparte de algún alimento estropeado, también nos puede pasar con ciertos animales que asociamos con la suciedad (insectos, ratas) y con algunas cosas que nos dicen. También la podemos experimentar, por ejemplo, cuando sentimos que alguien se aclara la garganta con mucosidad: el asco nos ayuda a mantener la distancia con lo que podría significar ponernos enfermos.

Las emociones secundarias

Donald Trump - Psicología Flexible

Los humanos tenemos una socialización muy compleja. Algunas normas culturales nos han hecho ocultar o disimular ciertas emociones, y con el tiempo las emociones básicas se han ido combinando entre ellas. Son ejemplos de emociones secundarias:

  • La frustración: Aparece cuando vemos incumplidas las expectativas. Esperábamos que las cosas fueran de un modo que nos beneficiaba, pero estas expectativas no se cumplen.
  • La vergüenza: Experimentamos vergüenza en situaciones en las que hemos cometido un error haciendo algo que tenemos bien dominado o cuando alguien nos hace evidente una carencia que pone en riesgo nuestra imagen ante los demás.
  • El orgullo: El orgullo es la reacción que tenemos cuando ponemos mucho esfuerzo en un objetivo y lo conseguimos.
  • La envidia: Cuando vemos que alguien tiene algo que es muy importante para nosotros y que nos merecemos más que esta persona, notamos la envidia. A corto plazo puede ser un impulso para conseguirlo, pero a la larga nos puede estar indicando que el problema es otro.
  • La añoranza: La añoranza es un tipo de tristeza que vivimos cuando estamos lejos de casa o lejos de una persona que es importante para nosotros. Nos ayuda a mantener los vínculos, para evitar que nos acabemos olvidando.

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