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Por qué prohibir el porno no es una solución

Ante la alarma social por el consumo de pornografía por parte de adolescentes y por cómo eso puede estar afectando a su visión de la sexualidad, hay quien plantea prohibir el porno. Pero esta es una medida tan drástica como innecesaria. Y si se aplicara dificultaría, precisamente, una de las actividades que deben acompañar a la sexualidad: la reflexión.

Por qué prohibir el porno no es una solución - Psicología Flexible
Imagen: 7721622 (Fuente: Pixabay)

El consumo de pornografía en los adolescentes

Los adolescentes acceden a contenidos pornográficos cada vez con mayor facilidad. Un estudio reciente de Save the Children sitúa en 8 de cada 10 chicos y 6 de cada 10 chicas la proporción de adolescentes que ven porno, y añade que este se ha convertido en su vía principal de educación sexual.

Este fenómeno tiene 3 causas: primera, el acceso a internet fácil, gratuíto y anónimo. Segunda, la falta de control de las plataformas que, aún sabiendo que el porno es un producto para adultos, a la hora de filtrar la audiencia por edad, se limitan a pedir que se haga un «click» declarando ser mayor de edad, sin ninguna comprobación de su veracidad. Y tercera, la necesidad de acceder, desde el anonimato, a información sobre el sexo.

No hay duda de que esta realidad plantea problemas. Aunque la pornografía es muy variada, de manera recurrente la mujer aparece como un objeto con el que se puede tener sexo sin que explicite su consentimiento, a veces, incluso, con actitud agresiva o violenta. Y existe el peligro de que los jóvenes asuman como normales estas prácticas sexuales.

De hecho, el que las mujeres que aparecen tengan orgasmos puede llevar a los hombres a pensar que «eso es lo que les gusta a ellas«. Por tanto se acaban construyendo una imagen distorsionada de la sexualidad, y se imponen la potencia sexual como una exigencia, a menudo, en forma de expectativas exageradas.

Implicaciones de prohibir el porno

Prohibir la pornografía

Ante este fenómeno, ciertos colectivos proponen prohibir el porno como solución. Pero hay algunos puntos que desaconsejan esta medida:

  • La tendencia a prohibir todo lo que no nos gusta es una forma de sobrerregulación. Significa tratar a las personas como si no fueran capaces de tomar decisiones por ellas mismas.
  • La pornografía no es un problema. La pornografía es un producto. El problema es el uso que se hace de ella a veces. Prohibirla impediría enseñar las diferencias entre el «buen uso» y el «mal uso».
  • La pornografía se puede utilizar para la educación sexual en adultos, sobre todo en el tratamiento de las disfunciones sexuales.
  • Si el problema es la violencia que se ejerce, lo que hay que abordar es la violencia, no la indústria del porno. La violencia contra las mujeres que se ve allí es una parte de la indústria pornográfica heterosexual que, a su vez, es una parte de toda la indústria pornográfica global.

Qué soluciones alternativas hay

En relación a controlar la edad de quien accede al porno, se puedem establecer mecanismos para comprobar que, realmente, se es mayor de edad. Por ejemplo, pedir un número de tarjeta de crédito aunque no se haga ningun cobro. Ni siquiera habría que registrar ningun nombre: el simple hecho de ser propietario de una tarjeta de crédito significa que eres mayor de edad.

También es importante fomentar la educación, indicando a la audiencia -sobre todo, la más joven-, que el porno es un producto pensado como espectáculo y no como instrucción. Que lo que se ve allí no tiene porque reflejar la realidad ni debe instaurarse como modelo a cumplir en el sexo. Y que el sexo sin consentimiento no es sexo: es violación.

Esta campaña se hizo en Nueva Zelanda y pretendía alertar a los padres de los adolescentes sobre su consumo de pornografía:

Finalmente, la indústria pornográfica puede introducir cambios en sus propios contenidos. En lugar de prohibir el porno, pueden ser las mismas actrices las que impongan una conducta más respetuosa hacia su imagen, incluso negándose a participar en rodajes en caso contrario. Ya se hizo a finales de los años 90, cuando se extendió el uso del preservativo entre los actores para evitar la transmisinó del VIH. Y no supuso ningun boicot de la audiencia. Aunque también es cierto que existe una subcultura de la pornografía que usa el sexo sin preservativo como reclamo.

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